Un día tuvimos una conversación en grupo,donde la mayoría describía distintas circunstancias con otras personas quemarcaron sus vidas y decíamos: “Esto jamás lo repetiría”, porque tuvo unimpacto muy fuerte en mí. Por ejemplo, las dinámicas de relaciones con suspadres y familiares, hermanos, amigos cercanos, profesores y demás personas quenos rodean cuando estamos creciendo.
Lo loco es que todos tenían detectado quéfue lo que los marcó y no les gustaría repetir, pero con el tiempo se veíanrepitiendo el mismo patrón, adaptado a la nueva realidad en la que vivían, conla gente que los rodeaba. Y decían: “¡Pero juré no repetirlo! ¿Qué estoyhaciendo mal?”
Entonces, lo que quiero decir es que noestás haciendo nada mal. Lo que pasa es que los seres humanos aprendemos, no delas bellas palabras que nos dicen (aunque a veces sí), sino de lo que vemos.
Aprendemos cómo se actúa, cómo seresponde, cómo reaccionar, cómo defenderse o no, cómo relacionarse, cómoexpresar amor o cómo no hacerlo. Aprendemos cómo funciona la vida viendo cómolos mayores desarrollan la suya.
Es por eso que, cuando somos grandes, serepiten patrones, porque es lo que sabemos. Así sean nocivos, eso fue lo queaprendimos y, por lo general, salen solos cuando nos toca vivir la vida adulta,con todo lo que ello implica.
Lo bueno es que uno sí puede hacerconciencia de lo que nos hizo daño y nos hirió, puede que no lo tengamos en elconsciente todo el rato, pero sí nos podemos acordar sin mayor dificultad, lamayoría tenemos claro qué fue lo que vivimos, para así saber qué rasgo estamosrepitiendo que no es nuestro, sino aprendido.
Y ahí es cuando ya cae en nuestraresponsabilidad elegir si seguimos con lo mismo o buscamos una versiónactualizada de ser, una que nos corresponda a nosotros: únicos e irrepetibles,no rasgos heredados que fueron nocivos.
Sabemos lo que significó para nosotros loque vivimos y el impacto que puede tener en quienes nos rodean el repetirpatrones que también nos hicieron daño. Entonces, esa responsabilidad, esaconciencia, esa decisión, ya no es compleja. Lo que sí es complejo es desaprender.Hay que borrar esa aplicación que funciona sola, que fue instalada por alguienmás, descubrir, descargar y crear una propia.
¿Cómo se hace? Como dije haciendoconciencia, trayendo al presente lo que nos hizo daño y estamos repitiendo enotro escenario distinto y que ahora también daña a los demás. Después, leer, investigar, pedir ayuda y guía.No tenemos la ciencia infusa. Si no sabemos algo, ¿por qué no acudir a quienesnos pueden orientar?
Aquí hay varias preguntas que uno mismose debe hacer, porque son clave y ayudan a obtener muchas respuestas:
- ¿Cómo me hubiera gustado que metrataran?
- ¿De qué manera me hubiera gustado que me preguntaran?
- ¿Cómo me hubiera gustado recibir amor, atención y cariño?
- ¿Cómo me hubiera gustado que reaccionaran cuando yo me porté de tal manera?
- ¿Cuánto me hubiera gustado que estuvieran presentes?
- ¿Qué me importaba de verdad o qué quería de verdad cuando era pequeño? (Y nohablo de cosas materiales, sino de lo que hubiera querido recibir a nivelemocional).
- ¿Cómo me hubiera gustado que me guiaran?
Todas estas preguntas te abren un caminopor donde empezar. Además, puedes hacerles las mismas preguntas a tus personasmás cercanas. Ahí salen respuestas que, a veces, uno nunca se imaginaría.
Y si ya tienes respuestas, pero no sabespor dónde empezar o cómo hacerlo, repito: tener una guía, con un espacio decontención adecuado, es el impulso para dar el paso al vacío, porque así sesiente. Pero también se siente profundamenteliberador, porque ya estás despojándote de rasgos de personalidad que no sonlos tuyos.
Se siente bien porque, finalmente, puedestomar la decisión y recuperar el control de tu vida. Así que da el paso, buscatu propia programación y lánzate al vacío, porque el cambio que hay al otrolado es profundamente positivo y sano.

